Tema 3. Experiencias Historicas de lucha Noviolenta en Latino América PDF Imprimir E-mail
 ÍNDICE:

INTRODUCCIÓN. (Revista Oveja Negra, n. 34

Es frecuente escuchar el argumento de que la noviolencia está muy bien pero que sólo es posible utilizarla como medio de lucha y de resistencia frente a regímenes democráticos, sensibles a los valores humanos. Gandhi, Luther King combatieron contra ingleses y americanos, pero, ¿qué hacer frente a una dictadura militar sin escrúpulos que no ha desarrollado otro refinamiento que el buscar las más sutiles formas de tortura?

En más de una ocasión hemos ya salido al paso de este malentendido. Ahora queremos exponer mas ampliamente el desarrollo y las condiciones que hicieron posible el éxito de una resistencia civil noviolenta frente a cuatro regímenes militares en Latinoamérica. Con ello pretendemos también sacar del olvido unos hechos que han sucedido pero que nos son desconocidos y por tanto no cuentan a la hora de analizar la situación latinoamericana. ¿Quién sabe hoy que en 1944 tanto el Salvador como Guatemala lograron desembarazarse de sendas dictaduras militares por una resistencia civil o armada?.

De nuevo constatamos la magia que nuestra cultura atribuye a la violencia. A nosotros, lejanos espectadores occidentales, apenas nos llegan del otro lado del océano otras luchas que no sean la guerrilla. Pese a su escaso éxito, aunque se ha intentado en casi todo el continente, pocos somos capaces de ponerla en cuestión como forma de lucha o al menos de saber que coexiste con ella otra forma que, por desconocida, no deja de ser tan arriesgada y valiosa. Caemos así en un análisis simplista y en una adoración al Che Guevara o Camilo torres que nos impide cualquier otra visión que no sea la del enfrentamiento entre un ejército y una guerrilla, dejando fuera de combate al menos a dos tercios de la población, los indios y las mujeres, ya que los primeros por su forma de vida y su estructura son ajenos al análisis marxista y al uso de las armas (no hablamos del estereotipado indio del oeste).

Hablando de Nicaragua Pérez Esquivel comenta:
"En el caso de Nicaragua, pienso que todo no es solamente el resultado de las armas. Es necesario considerar el problema en su totalidad y no contentarse con una visión parcial de las cosas. Durante muchos años, la guerrilla sandinista ha acosado al gobierno de Somoza, pero sin poder derrocarlo. Era como una picadura de mosquito: es molesta pero nada más. La fuerza sandinista casi fue destruida. Es entonces cuando ciertos acontecimientos esenciales desencadenaron una lucha noviolenta en el pueblo; una lucha intensa e inmensamente importante a la que no se le ha prestado suficiente atención.

Con la Revolución nicaragüense, estamos ante una insurrección popular. Arranca en el momento del asesinato del periodista Pedro Chamorro, en Enero de 1978. Es este hecho concreto el que provoca la indignación de la población, en todos los niveles, contra la dictadura somocista, indignación que desembocará en la insurrección. Esto, es una lucha noviolenta del pueblo. Los sandinistas no harán más que aprovecharse de ella para lograr una mayor credibilidad en el pueblo, credibilidad que no habían tenido durante muchos años. Una rebelión armada por tanto no puede triunfar si no existe una insurrección de la conciencia colectiva.

Pero todavía es necesario ver las cosas más profundamente. El otro hecho importante fue el aislamiento internacional de Somoza, sobre todo con relación a los EE.UU ., aislamiento que se hará definitivo en el momento del asesinato en Nicaragua de un periodista americano ante las cámaras de Televisión, en junio de 1979. Si se leen los periódicos de la época, se ve que Somoza hizo un viaje a EE.UU., fue a USA a mendigar un apoyo económico y militar. A su vuelta, declaró que América del Norte, su gran amigo, le había abandonado. Su aislamiento se hace real y esto es como consecuencia de la reacción del pueblo americano mismo. Desde entonces el gobierno de Somoza está prácticamente condenado y a punto de caer. En este momento interviene la guerrilla sandinista. Teniendo que elegir entre el apoyo a Somoza o a los sandinistas, el pueblo opta lógicamente por los sandinistas. Así es como se produce el hundimiento total de Somoza.

Cuando se dice que la guerrilla sandinista hizo la Revolución, es efectivamente un análisis muy parcial. En mi opinión, la verdadera Revolución la hizo el pueblo de Nicaragua, y no la guerrilla sola".
(Lucha noviolenta por la paz, Adolfo Pérez Esquivel, Ed. Descleé de Brouwer).

Ciertamente, y lo repetimos una vez más, no se trata de establecer una lucha entre guerrilla y noviolencia. La solidaridad con los oprimidos debe ir más allá de las formas que éstos adopten por su liberación. Queremos dejar constancia de que, hoy, la noviolencia es una forma extendida de lucha en toda América Latina. Y no cabe duda, si la noviolencia es posible, es también preferible. Librarse de la violencia revolucionaria no deja de ser también una liberación.

 Para los más escépticos, los casos de resistencia civil que aquí relatamos contradicen al menos la afirmación de que la noviolencia no es posible en Latinoamérica, aunque ciertamente, no ha resuelto los graves problemas planteados. Aunque es fundamental conocer la historia, lo más esperanzador es la lucha que, desde Guatemala a Argentina se está llevando a cabo de una forma noviolenta:

¿Quién no conoce hoy a las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina, que con los nombres de sus hijos desaparecidos escritos en los pañuelos, se manifestaban cada semana ante la Casa Rosada?. Ellas, mujeres, marginadas en otras formas de lucha, contribuyeron de forma decisiva, con su pública denuncia ante el mundo, al descrédito y caía del régimen militar. Hoy, ante un régimen democrático no ha cesado su vigilancia por el respeto de los derechos humanos y porque se aplique la justicia a los autores de crímenes probados.

No podemos olvidar la contribución a esta lucha de buen número de obispos Latinoamericanos como Helder Cámara, Proaño, Casaldáliga o el asesinado Oscar Romero. Veinte obispos de nueve países se reunieron en Bogotá para trabajar sobre el tema "Noviolencia, forma de liberación".

 Pérez Esquivel, que sufrió también la represión de la dictadura argentina, premio Nobel de la Paz en 1980, es hoy coordinador y animador, a través del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), de numerosas luchas. Veremos concretamente su importancia en el caso de Uruguay y en otras luchas poco conocidas (defensa de sus tierras por los indios de Chimborazo en Ecuador, la de los campesinos de Alagamar en Brasil o Jejuí en Paraguay).

En América Central, incluso en países como El Salvador, donde no parece que haya otra forma de lucha que la guerrilla, numerosas organizaciones civiles luchan también por sus derechos, de forma noviolenta (explícita en algunos casos, implícita en la mayoría).

Esta lucha noviolenta, a menudo sin batallas espectaculares, es un verdadero fermento en la situación latinoamericana, aunque por su forma, pase desapercibida o no tenga interés para los medios de comunicación, ni llegue a ocupar una página en la historia. A ella se ha incorporado una parte importante de la población que, en otras formas de lucha, hubiera quedado marginada: los indios y las mujeres.

 Los indios, en algunos países, suponen más del 50% de la población. Su forma de resistencia, su solidaridad interna, les ha permitido sobrevivir, durante casi cinco siglos, desde la colonización, manteniendo su estilo de vida, frente a los intentos de los colonizadores y de los criollos en el poder para introducirlos en los esquemas de producción occidentales.

Ya hemos mencionado la importancia de las mujeres en Argentina, veremos su papel protagonista en Bolivia, pero sin olvidar su lucha en otros países como El Salvador o en Guatemala a través del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM).

Ante los casos de resistencia civil que exponemos, es necesario afrontar una última cuestión. Es cierto que se derrocó a los regímenes militares, pero ¿qué se ha conseguido?. A la vista de la situación actual de Guatemala o El Salvador, ¿no podemos concluir que estamos ante una exposición del fracaso de la noviolencia?.

De nuevo es necesario matizar para no caer en deducciones simplistas. El hecho del derrocamiento de un régimen militar es un éxito innegable. Esto ha sido posible por medios noviolentos. Lo que no ha sido posible es realizar una alternativa constructiva una vez logrado el derrocamiento de la dictadura.

El éxito de las resistencias civiles ha sido posible gracias a la participación de los más variados sectores de la población. Sin embargo, las alternativas al poder militar son algo, que hasta ahora, han quedado en manos de los partidos políticos (muy fraccionados y frágiles ante la envergadura de los problemas).

 Los militares han encontrado pronto excusas- con el apoyo de la oligarquía criolla y de los intereses de las grandes compañías americanas- para retornar de nuevo al poder, en nombre del pueblo y eliminar la oposición, en nombre de la seguridad nacional.

 Pero hay que recordar también, que los casos de resistencia civil han sido generalmente espontáneos, llevados a cabo casi por instinto, por ser el "arma" natural de los pobres. Si en algunos casos, la espontaneidad y falta de planificación parecen haber favorecido el éxito, no podemos pensar que esto ha de ser norma. Si la noviolencia quiere ser eficaz, necesita un entrenamiento, una planificación, una estrategia que no dejen el éxito al azar. Así, no sólo podría ser derrocada una dictadura militar sino también podría impedirse que cualquier dictadura pudiera acceder al poder. Los signos son esperanzadores.

 

 EL SALVADOR, 1944
(Curle, Adam, "Conflictividad y pacificación", Ed. Herder.)

En 1944 se dio en El Salvador un episodio apenas conocido, si bien se trató de algo extraordinario (véase Lakey and Parkman, 1969). El dictador Martínez fue obligado a dimitir y a huir al extranjero por medio de una acción totalmente noviolenta. Martínez, en abril de aquel año, había sofocado un intento de rebelión del ejército. Más tarde, en ese mismo mes, los estudiantes tomaron la iniciativa y distribuyeron una hoja que decía:

 "Decreto de huelga general incluso en hospitales, tribunales y obras públicas... La base de la huelga será resistencia pasiva general, no cooperación con el gobierno, vestimenta de luto, solidaridad de todas las clases, prohibición de fiestas.

 Mostrando al tirano el abismo abierto entre él y el pueblo, aislándole por completo, le haremos caer. Hágase boicot a los cines, a la lotería nacional. No se paguen los impuestos. Abandónense los trabajos oficiales. Déjense sin hacer. Ruéguese a diario por los asesinados. El arzobispo ha sido humillado".

 Los estudiantes hicieron huelga. Se unieron a ellos los taxistas y los funcionarios civiles. Se cerraron los almacenes, los médicos se limitaron a atender los casos urgentes, los bancos también cerraron. Incluso cerraron las iglesias en signo de solidaridad. Luego, el 18 de mayo, 40.000 personas se congregaron ante el Palacio Nacional. Tres días después y aconsejado por todos sus asesores, Martínez se fue. Su sucesor concedió amnistía a todos los presos políticos, ordenó la libertad de la prensa y organizó unas elecciones generales.

Adam Curle

 

LA CAIDA DE LA DICTADURA EN GUATEMALA. 1944.
(Sein, Heberto M., "Non-violence politique", dossier 2, traducción Oveja Negra)

Cuando el general Ubico tomó el poder en 1931, el pueblo se acordó con terror de lo que había hecho en Altaberapaz y Tetalhuleu siendo General de mano de hierro. Sobresalía en el arte de conspirar. Había organizado una fantástica red de lo que se llamaban grupos de "cinco". En un momento dado hubo más de 7.000 hombres alistados sin contar más que los de la capital. Procuró que estos se infiltraran en todos los departamentos del gobierno. Ningún grupo de "cinco" conocía a los otros miembros de esta red secreta implantada en todo el país. Ubico tenia firmemente las riendas de esta organización de espionaje e información, que él controlaba. "Cinco" (las cinco letras del nombre del General) simbolizaba una de sus medidas de represión más eficaces. Dirigió victoriosamente una campaña, utilizando su red, con el fin de suprimir las elecciones. Se dice que aspiraba a gobernar Guatemala durante cinco mandatos presidenciales por respeto a una cifra mágica.

Ubico fue exaltado por algunos periódicos americanos como un dictador "popular". Los que habían tenido asuntos con su policía política sabían sobradamente de ello. El semanario "Time" lo describió como un admirador de la sangrienta purga que Hitler provocó en 1934 y citaba sus palabras: "yo soy como Hitler, primero ejecuto y después organizo el proceso..." Pero durante la II Guerra Mundial ciertos cambios empezaban a debilitar la posición de Ubico. En 1942 la confiscación de plantaciones de café que poseían alemanes le hizo perder muchos partidarios. Los problemas de política interior provocaban una cierta agitación, tanto entre obreros como en el mundo de los negocios. El dictador de un país vecino, el Salvador, había caído algunas semanas antes por la presión de una resistencia noviolenta generalizada. Los hechos mostraron que era un ejemplo contagioso y peligroso. La acción comenzó en Guatemala de una forma muy discreta.

En junio de 1944, un poderoso sentimiento de oposición al represivo régimen del dictador comenzó a manifestarse. Se sentía que el pueblo quería sublevarse y derribar al dictador. El movimiento se inició entre los estudiantes y profesores de la Universidad de San Carlos. Habían presentado a Ubico una petición reclamando ciertas reformas y la puesta en libertad de dos estudiantes de derecho que habían sido detenidos. La petición reclamaba la autonomía y mejores condiciones de vida para los funcionarios peor pagados. Su petición fue acogida por un sector importante de la población de la capital y de otras ciudades. El dictador tomó entonces una decisión extraordinaria: aprobó un aumento de 15% de los salarios de los funcionarios. Pero esto no satisfizo a la mayoría de los que trabajaban para el gobierno. Algo en la atmósfera social y política no había sido disipado por la decisión del dictador. Los estudiantes querían dialogar con él. Organizaron manifestaciones pacíficas en las calles y protestaron contra la negativa de Ubico de concederles una entrevista. Los soldados y la policía instalaron ametralladoras en las calles. La caballería recibió la orden de estar preparada para cargar contra los manifestantes. El primer enfrentamiento tuvo lugar un domingo. Los estudiantes habían venido con pancartas con el slogan "Vete, Don Jorge". Como se habían comprometido a no recurrir a la violencia no llevaban ni una sola arma. Pese a esto los soldados abrieron fuego sobre ellos; hubo algunos muertos y muchos heridos.

Dos días de intensa ansiedad siguieron a este enfrentamiento. Un grupo de abogados y profesores de universidad exigieron a Ubico el respeto a los Derechos Humanos fundamentales de los ciudadanos. Un gran número de profesores fueron enviados a prisión. Pero en las calles, en silencio, los estudiantes llevaban pacíficamente sus pancartas con una llamada directa al dictador: "Don Jorge, Vete". Aceptaban con entusiasmo ser detenidos. Otros grupos de estudiantes aparecían con las mismas pancartas. Enseguida los muchachos y muchachas de los institutos se unieron al movimiento llevando el mismo mensaje: "Don Jorge, Vete". Apoyados moralmente por sus familias, estos estudiantes también aceptaban ser arrestados. En este momento se inició el apoyo de los sindicatos obreros, que se unieron al movimiento. Los conductores de taxi y automóviles colocaron en sus parabrisas el mismo mensaje: "Don Jorge, vete". En las ciudades y en la capital la gente desfilaba silenciosamente por las calles con los brazos cruzados. Ese espíritu de resistencia civil de masas se apoderó de toda la población. ¿Cómo acabar con la resistencia noviolenta del pueblo? Esto era para él un problema nuevo. El 20 de junio un manifiesto anunciaba la formación del partido Social Democrático y reclamaba la creación de partidos de oposición, la concesión de justicia social, el fin del régimen del terror así como la solidaridad del Continente Americano. Con arrogancia, Ubico decretó el estado de emergencia. Al tercer día del trágico fusilamiento masivo de los estudiantes, se decidió la huelga general por parte de la población. La convicción de que la resistencia moral del pueblo era en adelante una fuerza audaz e invencible se extendió por toda la nación. La simpatía hacia el movimiento popular comenzó a penetrar en los policías y en los soldados, la mayoría de ellos de origen obrero o campesino. Con mucha frecuencia, la policía se negó a detener a los pacíficos manifestantes que ya llenaban las calles y plazas. Algunos jueces se negaban a condenar a tales manifestantes. ¿ Cuáles hubieran podido ser las acusaciones contra ellos? Habían caminado en silencio; no habían gritado, insultado ni arrojado piedras; habían confraternizado con soldados y policías y simplemente seguían llevando sus pancartas con el mensaje directo que en estos momentos repetía como un coro la nación entera: "Don Jorge, Vete". El 23 de junio, los maestros se pusieron en huelga para apoyar el movimiento. Los comerciantes cerraron sus tiendas. En un gesto de simpatía los directores de banca se unieron al movimiento: anunciaron el cierre de todos los bancos del país. El dictador replicó imponiendo una fuerte multa a todo establecimiento bancario que cerrara sus puertas. Pero los banqueros simplemente cerraron sus establecimientos. A lo largo de la tarde de este primer día de huelga general, centenares de mujeres vestidas de luto se reunieron en la iglesia de S. Francisco. Se celebró una misa especial para expresar la profunda pena que había causado la muerte de los estudiantes y el pésame a sus familias. Estas estaban presentes con su inmensa pena. Después de la misa, centenares de mujeres desfilaron silenciosamente, en pacífico cortejo, a lo largo de varias avenidas de la capital. Los soldados fueron al encuentro de las mujeres. Estas se volvieron para marchar en sentido contrario. Entonces hizo su aparición la caballería: sable en mano, cargaron contra las mujeres. Doscientas fueron heridas. Se supone que 70 murieron. Se dice que María Chinchilla Ricino fue la primera mártir que cayó. Los curas de las iglesias de la ciudad de Guatemala se unieron entonces al movimiento de liberación del pueblo: cerraron las puertas de las iglesias y se negaron a celebrar cualquier ceremonia. El día 24 de junio los estudiantes desfilaron hasta la embajada de Estados Unidos pero insistieron en mantenerse en los medios de lucha noviolentos. Un mitin pacífico reclama esa tarde la dimisión de Ubico. Ese mismo día dos hombres remitieron al despacho del dictador el "Memorial de los 311". Los 311 guatemaltecos que lo habían firmado, gente eminente y estimada, arriesgaban la vida entregándolo. Este documento explicaba las razones de la agitación popular, reclamaba garantías constitucionales reales, así como la suspensión de la ley marcial. Con gran descontento por parte del dictador militar, la embajada de Méjico permaneció abierta día y noche para los guatemaltecos que buscaban refugio. La embajada declaró: "Para Méjico las leyes humanitarias internacionales no son letra muerta. Sabemos cómo debemos honrar nuestros compromisos". Los estudiantes pidieron a la embajada un servicio urgente y muy importante; éste le fue concedido y un miembro destacado de la embajada cogió un avión hacia Méjico para cumplir el encargo: "hacer conocer al mundo la verdad respecto a la gran revolución popular y pacífica de Guatemala". La oposición que acababa de organizar, hizo llegar a Ubico una carta expresando el deseo unánime del pueblo de que se retirara. Reclamaba también la retirada de la ley marcial, la libertad de prensa y asociación y que cesaran los ataques a la población. Peticiones y diversos mensajes de importantes personalidades llegaban al palacio: reclamaban la dimisión de Ubico. La huelga económica silenciosa de la capital continuaba: el poder del dictador se estaba desmoronando. El sábado, el dictador General Jorge Ubico estaba en situación desesperada. Bruscamente la realidad le asaltó: ya no gobernaba Guatemala. El pueblo ya no tenía miedo. El movimiento de resistencia noviolento había llegado a ser irresistible, victorioso. Toda la potencia de la posición dictatorial de Ubico había sido construida en trece años por innumerables medidas represivas, toda una red de policía secreta, todas las costosas fuerzas armadas con las que contaba, todo esto se estaba desintegrando, todo ello había sido pulverizado por la formidable resistencia civil masiva, aun cuando desarmada, de aquellos que de norte a sur y del Atlántico al Pacífico con una voz única y fuerte habían pedido: "Don Jorge, Vete". El dictador militar que había soñado con seguir en el poder durante numerosos años más, abdicó al fin y dejó al país el 1 de julio de 1944. Un triunvirato de generales tomó el poder. Comenzó enseguida una fermentación política extraordinaria. Organizaciones sindicales y políticas surgieron con hongos. Los exiliados regresaron al país. Es necesario reconocer que la victoria lograda sobre Ubico no fue muy bien utilizada para establecer una verdadera democracia. Pero esto había sido una verdadera victoria a la vez del pueblo y de la forma de lucha. María Rosenthal escribe: "Enérgico y cruel, Jorge Ubico hubiera podido aniquilar cualquier lucha armada. Hubiera podido imponer su voluntad a cualquier número de personas descontentas, hubieran sido militares o civiles y hubiera podido arrinconarlas contra la pared. Pero se encontró sin recursos de cara a actos de desobediencia civil a los cuales respondió por la violencia hasta que sus actos le llevaron lentamente a la elección en la que finalmente se encuentran todos los dictadores: o matar a todos los que no están de acuerdo o retirarse". El movimiento que llevó al Napoleón de Guatemala a su Waterloo era, justa y afortunadamente, una lucha pacífica y cívica; La disciplina, la serenidad, la resignación voluntaria con las que fue conducida hace de la acción un modelo de resistencia pasiva. Rosenthal rindió, igualmente, un homenaje a la inteligencia con la que esta lucha ha sido llevada y a la solidaridad manifestada por los guatemaltecos, cualquiera que fuera su clase social o su origen étnico o político. Se convocó posteriormente una Asamblea Constituyente y sus miembros redactaron y aprobaron una nueva Constitución para el país. La Asamblea organizó una reforma agraria terriblemente necesaria, un sistema educativo que comprendía a indios y mestizos, el derecho de los obreros a organizarse y firmar convenios colectivos, así como las libertades de asociación, prensa y expresión. Democráticamente, el pueblo eligió como presidente a un profesor y no a un general. Aunque la estructura oligárquica de Guatemala no fue radicalmente cambiada, el descubrimiento por el pueblo de la potencia irresistible de su movimiento de resistencia civil noviolento no podrá ser olvidado. La utilización de este método de lucha para la justicia y para la liberación de las grandes desigualdades sociales étnicas o económicas constituye históricamente una razón de esperanza.  

 

HUELGA DE HAMBRE CONTRA LA DICTADURA EN BOLIVIA. 1978
(Croissant, Pierre. "Non-violence politique", dossier 2 y "Alternatives non violentes" n. 39, traducción Oveja Negra)

Para obtener del General Banzer la liberación de sus maridos, militantes sindicales mineros, cuatro mujeres decidieron hacer una huelga de hambre unos días antes de la Navidad del 77. La dictadura es una de las más duras historias de Bolivia, con todos los partidos y sindicatos prohibidos y la oposición encarcelada o deportada. 22 días más tarde, cuando el número de huelguistas pasaba de 1.000, Banzer es obligado a ceder. Y seis meses más tarde a abandonar el poder.

 En agosto de 1971, el coronel Banzer, apoyado desde el exterior por Brasil y desde el interior por parte del ejército, llevó a cabo un golpe de estado. Se trataba del 185 cambio de régimen desde su independencia en 1885. Banzer decía "que actuaba en nombre del nacionalismo cristiano, para expulsar del país al extremismo utópico, acabar con un régimen anárquico y depredador y sustituir el caos por el orden".

En noviembre se restableció la pena de muerte; en junio del 72, un decreto ley autorizaba la detención ilimitada y sin juicio por motivos políticos; en el 74, todos los partidos, sindicatos y reuniones públicas fueron prohibidas. El Coronel se hizo General Presidente; expulsando del gobierno a los escasos civiles que todavía quedaban, dispuso de un gobierno enteramente militar. Sería la más larga dictadura boliviana.

Si este tipo de gobierno es frecuente en Sudamérica, en Bolivia presenta características específicas. En el plano humano, su población tiene la mayor proporción de indios: las ¾ partes aproximadamente. Campesinos y mineros, son los más pobres. Un minero gana un dólar por diez horas de trabajo al día y su esperanza de vida es de 35 años. El campesino boliviano, más miserable todavía, es el más pobre del continente, aun cuando su país por sus recursos minerales (estaño, cobre y oro) es el más rico. Desde el siglo XVI esta mayoría india ha sido mantenida al margen de la vida política. De extrema derecha a extrema izquierda, la clase política está integrada por los criollos, descendientes de los conquistadores españoles. "En Bolivia no hay más que 5.000 personas que cuenten verdaderamente", declaraba Rios Gamboa, un consejero de Banzer.

 Desde un punto de vista geográfico, Bolivia no tiene costas desde su derrota frente a Chile en 1884. La cuestión del acceso al mar fue siempre utilizada por el poder para despertar un nacionalismo popular y establecer, con su apoyo, una cohesión puesta en peligro por sus dificultades internas.

 En 1977 el régimen atravesó grandes problemas económicos y políticos. A una resistencia interna, se unió la reserva del nuevo presidente de USA. Jimmy Carter no se prestó a mantener sistemáticamente estos regímenes duros pero minoritarios que pueden hacer aguas a la primera revuelta. En noviembre, Banzer anuncia medidas democratizadoras: Liberación de la prensa y de las instituciones, la liberación de los presos, retorno de los exiliados y elecciones en julio del 79... prometidas desde el 74. Para ser creído, toma una medida inmediata: autoriza el Congreso de la Asamblea Permanente de los Derechos del Hombre (APDH).

 Los trabajos del Congreso denunciaban, naturalmente, las decisiones relativas a los presos y exiliados. Banzer mintió, ya que los exiliados no eran 600 sino más de 1.000. 348, entre ellos los principales líderes mineros y campesinos, eran excluidos de la amnistía. ¿De qué democracia se estaba hablando si la oposición seguía en la cárcel?. La cólera estalló; "Presencia", el importante periódico católico, publicó la lista de los excluidos. Algunos días más tarde, el 28 de diciembre del 77, cuatro mujeres y 14 niños se instalaron en los locales del Arzobispado de la Paz. Son mujeres y niños de mineros excluidos por el decreto.

La primera declaración de los huelguistas, hecha una vez que tomaron contacto con curas y miembros de la APDH situó su postura:
1) Amnistía General para todos los presos y exiliados por razones políticas.
2) La reintegración en su trabajo de los obreros expulsados.
3) La derogación del decreto que prohibía las organizaciones sindicales.
4) La derogación del decreto que declaraba las minas "zona militar" (presencia permanente del ejército).

No se trataba por tanto, para estas cuatro mujeres, de una lucha por liberar a sus maridos, sino por la liberación del conjunto de los presos políticos. Esta afirmación será repetida a los diferentes funcionarios encargados de encontrar un "arreglo al conflicto" por el examen de casos individuales. Aparte de la APDH, para la que la autorización de su Congreso equivalía a un reconocimiento de la organización, las primeras declaraciones de solidaridad provinieron de organizaciones clandestinas sindicales y políticas de oposición. El tercer día el Ministerio del Interior denunció el carácter subversivo de esta acción y los medios de comunicación alertaron a la opinión sobre los peligros, en particular para los niños. Es entonces cuando una decisión de la APDH va a modificar la relación de fuerzas: los 14 niños serán sustituidos por 14 miembros de la asociación. Tratándose esta vez de personas conocidas en los medios católicos y de defensa de los Derechos del Hombre, pero no representativos de la oposición política al régimen, la protesta salió de su cuadro tradicional y ganó a una parte cada vez mayor de la población.

 El cuarto día, un grupo de huelguistas se instaló en los locales de Presencia, posteriormente en otras iglesias de la Paz, y en las principales ciudades del país. El noveno día entre los huelguistas hay curas, estudiantes, campesinos (esto es nuevo en la medida en la que los dictadores han utilizado a los campesinos para reprimir las manifestaciones obreras y viceversa). Los servicios oficiales anuncian una huelga general de apoyo al régimen, sostenida por el ejército y los grupos paramilitares. Este día se reanuda el trabajo...

Las primeras intervenciones policiales tiene lugar al undécimo día, cuando el movimiento cuenta con 200 personas; En las fábricas, los "coordinadores de trabajo" nombrados por la administración son reemplazados por delegados sindicales elegidos. Llegan del extranjero adhesiones.

Banzer espera desbloquear la situación pidiendo la mediación del Cardenal Primado de Bolivia, Mauer. Este cree un deber aceptar una misión de conciliación, que se revela como una trampa para él y el movimiento: un acuerdo de amnistía para todos... "a excepción de los bolivianos que caigan bajo las leyes en vigor en el país". El rechazo de los huelguistas, - 14 de enero de 1978, 18º día, 1.000 personas en huelga- desencadenan la entrada de la fuerza policial en los locales donde están instalados, incluso las iglesias, lo que es un mayúsculo error en América Latina. El Arzobispo de La Paz amenaza con excomulgar a los policías profanadores y a sus jefes. Para la comunidad católica - y para numerosos marxistas- se trata ahora de defender también a la iglesia, víctima de la violencia del gobierno Banzer. La prensa internacional, presente en las intervenciones policiales, remarca este hecho. Y se publican fotos. Obispos de Europa y América, y el Presidente del Consejo Mundial de las iglesias mandaron telegramas de solidaridad a Monseñor Manrique, Arzobispo de la Paz. El Cardenal Mauer publica una declaración en la que señala el valor cristiano y humano de la lucha de los huelguistas de hambre y pide al gobierno que no utilice la violencia sino que conceda la amnistía.

El 18 de enero, a los 22 días de huelga (más de 1.200 huelguistas) se llega a un acuerdo entre el representante del gobierno y el presidente de la APDH, en presencia de Monseñor Manrique. Se consiguió al fin "Una amnistía general a favor de todos los bolivianos arrestados, exiliados, desterrados o rebeldes, por motivos políticos o sindicales". El texto precisa las condiciones de reintegración en las minas y "las garantías ofrecidas a las personas que han participado en la huelga de hambre o en su apoyo".

 Por la noche, el General Banzer declara "poder en lo sucesivo continuar su plan de democratización" no sin antes precisar que "la amnistía general no dejará sin castigo a los enemigos de Bolivia"... Desacreditado en el extranjero tanto como en Bolivia, Banzer no sobrevivirá seis meses a la huelga de hambre. En la mayor confusión, abandonará el poder en julio. Pero entre agosto y septiembre del 78, nueve presidentes se sucederán a la cabeza del país y en septiembre los militares tomarán el poder con un golpe de estado.


LA HUELGA DE HAMBRE: CATALIZADOR DE UN MOVIMIENTO NACIONAL DE RESISTENCIA.

La huelga de hambre masiva, por su forma, sus objetivos, su amplitud, ha cristalizado un movimiento nacional de resistencia, dinamizado a una oposición que no había conseguido expresarse durante la dictadura.

Medios de represión inadecuados.
En efecto, los años de dictadura habían permitido poner a punto medios de represión a toda prueba. La utilización de carros y vehículos blindados era una práctica corriente en Ovando, Barrientos, Miranda y Banzer. El menor desfile de mineros provocaba decenas de muertos, pues no dudaban en descargar las metralletas contra los manifestantes. La fuerza de la huelga de hambre fue el no haber dado a Banzer el pretexto de la lucha contra la violencia. Sus medios de represión, siendo considerables, se mostraron inadecuados. Para desacreditar al movimiento Banzer intentó utilizar las técnicas clásicas de la contrasubversión esforzándose en mostrar que eran "acciones de extremistas, guiadas por delincuentes, que estas mujeres están manipuladas, que los líderes teledirigidos de Moscú, etc". Pero los hechos eran otros y- se verá por qué- correctamente transmitidos por los medios de comunicación. Tanto en el plano militar como en el político, Banzer se encontró desde el comienzo de la huelga de hambre con la imposibilidad de hacer un uso eficaz de los medios típicos de represión.

Una forma de acción imprevista.
Ni el gobierno, ni la oposición, ni incluso las cuatro mujeres que lanzaron el movimiento podía prever su asombrosa evolución. Cuando ellas preparaban esta huelga de hambre su objetivo era la liberación de sus cuatro maridos y nada más. Para algunas de ellas, militantes marxistas, la huelga de hambre era un arma burguesa, lo suficientemente buena para obtener un poco de libertad, pero en ningún caso, un arma revolucionaria portadora de cambios profundos. Fue después de sus primeros contactos con curas y miembros de la APDH cuando su protesta incluyó al conjunto de los presos.

Una lucha espontánea.
Ninguna formación sindical o política había sido informada de la decisión. Unidos por una coordinación bastante informal, constituida sólo cuando comenzaron las discusiones con el gobierno, los grupos de huelguistas eran en realidad muy autónomos. Se negaron a conciliar la eficacia de las decisiones y la descentralización del movimiento. Después de haber hablado de un "levantamiento bien planificado", el Ministro del Interior declaraba el 6 de enero, día de la primera huelga de apoyo al régimen, que se trataba de "una subversión en marcha cuya cabeza era invisible". ¡ Y sólo Dios sabe cómo, para un espíritu militar, esta imposibilidad de determinar "quien es el jefe" es un serio handicap!.

Fue una lucha de mujeres.
Su enrolamiento en la huelga no constituye en absoluto una novedad, pues desde el mandato del General Ovando en 1964, desde que el ejército procedió a arrestos masivos de mineros, fueron ellas quienes organizaron e hicieron crecer la resistencia. A través de los comités de amas de casa crearon una estructura de vida paralela que tuvo un papel determinante en los numerosos conflictos. En las regiones mineras, la actividad de algunos sindicatos estaba totalmente garantizada por las mujeres, muchas de ellas esposas de presos y exiliados. Por ello, muchas también conocían las cárceles y los malos tratos de los hombres del Departamento del Orden Político.

Entran en acción obreros y campesinos.
El que los huelguistas hubieran tenido en cuenta las reivindicaciones del sindicato minero y de las organizaciones clandestinas de campesinos, fue lo que provocó la solidaridad de los obreros y campesinos. Además, su presencia cara a cara en las condiciones físicas y morales de la huelga de hambre, tendió a acercarles más todavía en una verdadera "comunión de lucha". Y al contrario de lo que antes era la regla, el poder no consiguió poner en juego el viejo antagonismo obreros- campesinos.

 El papel de la iglesia.
Fue considerable. Se encontró ante una situación que no había previsto. Como otros jefes de estado, Banzer intentó utilizarla en su provecho. Pero la jerarquía ya no podía esconderse tras el parapeto del "comunismo internacional". Por su naturaleza, la huelga interpelaba directamente a la Iglesia-institución, es decir a los obispos. La intervención de la policía en los lugares de la huelga, incluso en las iglesias, fue un golpe mortal para Banzer. Este tipo de intervención, impopular en las democracias occidentales, es inconcebible en América Latina por el peso que tiene la Iglesia. Banzer iba a pagar cara esta falta de apreciación. Sin embargo, pocos pensaban que la Iglesia tomaría una decisión tan grave presentada además como ultimátum: por boca de su Arzobispo de la Paz, amenazaba con la excomunión a los policías profanadores y a sus jefes, y, más todavía, con cerrar las iglesias del país durante tres días, "si no se encuentra una solución en 24 horas". Así, después de haber tomado parte por el movimiento, la iglesia pedía "a las dos partes" encontrar una solución.

 "Presencia" y la prensa.
Liberalizada por Banzer en el marco de las "medidas concretas" de 1977, con el fin de demostrar la buena fe de su "vasto programa de democratización", la prensa se encontró obligada a dar cuenta de los acontecimientos. Por su extrema descentralización, tanto en la capital como en los centros de provincia, la huelga y las iniciativas que suscitaba tenían por testigos si no por actores a miles de bolivianos. "Presencia", periódico católico y liberal, no sólo ha beneficiado esta relación de fuerzas sino que también ha contribuido ampliamente en afirmarla. Su moderación y el rigor de sus informaciones le hacían políticamente difícil de censurar. Se comprende así el error del Presidente cuando decidió evacuar los locales de presencia. Y, lo que es más, en presencia de numerosos periodistas extranjeros. Estas operaciones provocaron vivas protestas de colaboradores de este periódico y una fuerte solidaridad de sus compañeros agrupados en "Prensa-radio". Esta organización forma parte del consejo de la APDH.

UNA Victoria de la noviolencia.
Los acontecimientos que siguieron a la huelga de hambre y que acabaron en julio con la caída del General se deben, según la opinión de sus testigos, sus actores y la prensa en general, al carácter noviolento de los medios empleados en enero. En efecto, fueron estos medios los que permitieron por primera vez el encuentro y después la convergencia de oposiciones tradicionales. Pues, si desde siempre las Juntas Militares saben que sus "adversarios naturales" son los partidos y sindicatos de oposición contra los cuales la violencia ha tenido éxito frecuentemente, la huelga de hambre reveló actitudes críticas en el seno del ejército, en la jerarquía de la Iglesia, en la pequeña burguesía liberal, etc.

 La forma de acción elegida es acorde con el tipo de reclamaciones: a la violencia del régimen se opone la noviolencia y, ya que la dictadura impide vivir, se ofrece espectacularmente la vida para obtener ese mínimo de libertades sin los cuales la vida no es posible. Además, los actores de esta extraordinaria puesta en escena no son los actores políticos ordinarios. A las cuatro mujeres de mineros se añaden religiosos y religiosas, jóvenes, estudiantes, es decir, actores sociales y no políticos, en el sentido de que ninguno de estos grupos o personas se lanzan a la búsqueda del poder. Los sindicatos y algunos partidos políticos apoyan sin ninguna duda la huelga, pero en ningún momento son ellos quienes la controlan ni fijan su contenido. Así, cada uno puede unirse y reconocerse en ella, pues no se trata de una acción concertada y planificada sino de un movimiento que encuentificada sino de un movimiento que encuentra en lucha su propia dinámica.


LA NOVIOLENCIA VUELVE A TRAER LA DEMOCRACIA: URUGUAY 1983.
(Mille, Jean Pierre. "Alternatives non violentes" n. 62, traducción Oveja Negra)

Pequeño país de América Latina, Uruguay acaba de vivir, como todos sus vecinos, un período de dictadura militar. En junio de 1973, en nombre de la "doctrina de la Seguridad Nacional" y de la lucha contra la "subversión", el ejército tomó el poder. Los militares prohibieron toda actividad política y sindical, encarcelaron, torturaron. Con 7.000 prisioneros políticos de 3 millones de habitantes, Uruguay ha batido un récord mundial.

Hoy este país vive de nuevo en democracia. En esta reconquista de las libertades, la acción noviolenta ha jugado un papel decisivo. La iniciativa le corresponde a la rama uruguaya del "Servicio Paz y Justicia"(SERPAJ).Recordemos que el SERPAJ es una organización noviolenta para la defensa de los derechos humanos en América Latina, creada a finales de los años 60. Es conocida en todo el mundo, especialmente desde que su principal animador, Adolfo Pérez Esquivel, recibiera el premio Nobel de la Paz en 1980. La rama uruguaya, creada en 1981, es animada por el jesuita Luis Pérez Aguirre. Por su decidida actuación ha sido detenido numerosas veces y torturado. A partir de los documentos que él nos ha hecho llegar y de la entrevista que concedió a "Non-Violence politique" (nº 74 octubre 1984), presentamos el relato de los acontecimientos que favorecieron la vuelta a la democracia de su país.

EL DEBILITAMIENTO DEL PODER MILITAR.
Desde 1973, estaba claro que el pueblo uruguayo, en su inmensa mayoría, se negaba a reconocer la legitimidad del nuevo poder. La propaganda oficial era recibida con escepticismo, la amplitud y dureza de la represión podían paralizar por un tiempo los movimientos de oposición pero no podían cambiar las opiniones. El fracaso económico del régimen agravó el descontento popular.

 En noviembre de 1980, el régimen militar organizó un referéndum para conseguir aprobar una Constitución, basada en la "doctrina de la Seguridad nacional", que habría perpetuado su poder. Los militares cometieron así un tremendo error: convencido de que la población, aterrorizada, no se atrevería a desaprobarles, y queriendo dotarse de una imagen de respetabilidad internacional, ni se tomaron la molestia de organizar el pucherazo. Resultado: 87% de NO...

Después de este estrepitoso fracaso, el régimen militar intento mantenerse en el poder con una política de apertura moderada: los partidos tradicionales fueron autorizados, así como sindicatos "no politizados". Prometieron elecciones para 1982, después para 1984. Pero la represión sequía siendo dura.

El fracaso del referéndum devolvió el ánimo a diversos componentes de la sociedad civil. El SERPAJ se afirma plenamente e intensifica su trabajo de defensa de los Derechos Humanos.

 En torno a él, desde 1982, se crean distintas redes de ayuda a las víctimas de la represión. Los ámbitos sindicales, estudiantes, religiosos comienzan a movilizarse. La reivindicación de la democracia política se une lógicamente a la del respeto a los derechos humanos. El silencio de los partidos políticos tradicionales y de la iglesia jerárquica otorga al SERPAJ y a los grupos de defensa de los derechos humanos un papel político desproporcionado con su importancia numérica.

 La acción del SERPAJ consiste esencialmente en "decir la verdad", en dar a conocer con toda claridad las prácticas que el gobierno militar querría ocultar. Se apoya para ello en la ayuda internacional, toma contacto con la ONU, con las organizaciones de defensa de los derechos humanos, con algunas embajadas. Por otra parte, anima la creación de cooperativas, de grupos de arrendatarios, de asociaciones de barrio.

EL AYUNO DE AGOSTO DE 1983.
En Julio de 1983, los soldados detienen a algunos estudiantes. Como de costumbre, fueron torturados, y las chicas violadas. El SERPAJ recogió testimonios directos de estos estudiantes, que habían podido ver a sus hijos e hijas en prisión después de la tortura. Decidió publicarlos al máximo, en la prensa y en folletos. Era la primera vez que la prensa nacional aceptaba publicar una información de este tipo. Luis Pérez Aguirre fue detenido e interrogado durante 17 horas. El 2 de Agosto, el gobierno restablece una censura más rigurosa, como la que había impuesto al comienzo de la dictadura. Prohibió todas las actividades políticas.

 Es entonces cuando el SERPAJ decide una acción noviolenta para reaccionar según sus posibilidades e invitar a toda la población a una jornada de reflexión nacional. Un ayuno de duración ilimitada (y no una huelga de hambre) fue iniciado por tres miembros del SERPAJ: el cura Oliveira y los padres Aguirre y Osorio.

 Después de haber contactado con Adolfo Pérez Esquivel (para el apoyo internacional) y de haber organizado el apoyo local, el ayuno comienza el 11 de Agosto en los locales del SERPAJ, en presencia de la prensa internacional. Durará 15 días, siendo su objetivo principal el llamar a toda la población de Uruguay a hacer del 25 de Agosto una jornada nacional de reflexión sobre las soluciones democráticas a los problemas del país.

 En algunos días, a pesar de la censura, de boca en boca, todo el país estaba informado de esta acción. Sin embargo, desde el cuarto día, la policía había cortado el teléfono y rodeado la casa para aislar a los ayunantes. Pero la población a pesar de todo acudía en grandes cantidades a manifestar su apoyo. Normalmente, la policía intentaba dispersar a estas multitudes o meterlas a cientos en sus vehículos. La gente no ofrecía resistencia, pero volvían en cuanto les era posible...

 La dimensión religiosa de este ayuno es subrayada en el texto de la declaración hecha pública el primer día, que hace referencia a la Biblia, al Evangelio y a los Hechos de los Apóstoles. La referencia noviolenta está señalada por una cita de Gandhi. En cuanto al objetivo político, está desarrollado en estos términos:

"Queremos contribuir a la construcción de una sociedad que, en el respeto a las particularidades del país y de sus sectores sociales, sea liberadora, igualitaria, solidaria y participativa, con la ayuda de todos y al servicio de cada uno:

- Una sociedad en la cual todos aporten según sus fuerzas y de la cual cada uno reciba según sus necesidades, sin desigualdades ni acaparamientos de unos en detrimento de otros.

- Una sociedad en la que sean respetados todos los derechos humanos por sus miembros, sus grupos y sus organizaciones.

- Una sociedad donde todos, teniendo en cuenta la situación de cada uno y los mecanismos de cambio, lleguen a ser los agentes de su propio destino.

- Una sociedad en la que todos conozcan la alegría de sentirse hermanos los unos de los otros".

El ayuno fue apoyado activamente por numerosos grupos cristianos, órdenes religiosas, parroquias, etc. En cambio, la jerarquía se desmarcó ostensiblemente de esta acción. Los obispos intentaron disuadir a los grupos de cristianos que organizaban en sus localidades ayunos de apoyo. Algunos llegaron incluso a adoptar las posiciones del gobierno sobre el SERPAJ, calificándole de "organización comunista con ramificaciones internacionales". El 20 de agosto el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, era contenido cuando se disponía a entrar en Uruguay para hacer una visita a los ayunantes.

LA MOVILIZACION POPULAR.

La jornada del 25 de agosto fue un gran éxito. Sobrepasó con mucho lo que los miembros del SERPAJ habían podido imaginar. A una hora fijada, todo el mundo se metió en su casa. Las calles estaban vacías y sombrías, pues la consigna era de apagar las luces. La ciudad de Montevideo resonó toda la tarde con un formidable "concierto de cacerolas". Se sabe que esta forma de protesta original, a la vez noviolenta y poco peligrosa (la policía y el ejército no pueden hacer gran cosa para reprimirla) se ha convertido en un medio clásico de protesta en numerosos países latinoamericanos, especialmente en Chile.

Un detalle ilustra la amplitud del éxito de la oposición al régimen. Había ese día un partido importante de fútbol entre Uruguay y Paraguay. Para que ese estadio estuviera lleno, a pesar de la consigna del SERPAJ, las autoridades habían ordenado que las entradas fueran vendidas a muy bajo precio. Pese a ello, y pese a la pasión manifiesta de los latinoamericanos por el fútbol, ¡ sólo había 25.000 espectadores, en un estadio con capacidad para 75.000!.

Otro resultado positivo del ayuno y de la movilización que provocó fue la creación de una coordinadora nacional de todas las fuerzas democráticas: todos los partidos ( de izquierda y de derecha), los sindicatos, los estudiantes, las organizaciones sociales, las cooperativas, etc. Esta coordinadora se convirtió en el interlocutor ante el gobierno en la fase de transición a la democracia.

El gobierno no aceptó inmediatamente ceder. Al contrario, en un primer momento intentó de nuevo la represión. Cinco días después de la jornada del 25, el SERPAJ era prohibido y todos sus bienes confiscados. Pero el movimiento social se había lanzado y no debía cesar su presión sobre las autoridades: el 27 de noviembre, Uruguay conoció la manifestación más grande de toda su historia (500.000 personas, es decir, ¡ una sexta parte de la población del país!). En esta manifestación el papel decisivo del SERPAJ en la movilización del país fue públicamente reconocido por todas las fuerzas democráticas: cada organización tenía un representante en la tribuna, pero el SERPAJ tenía tres. Esto era también un desafío al gobierno, que había declarado ilegal a esta organización.

 ¿Y AHORA?

El año 1984, que comenzó con el éxito de la huelga general del 18 de enero fue un año de transición. El 25 de noviembre tuvieron lugar elecciones libres: el índice de participación (85%) puso de manifiesto la adhesión del pueblo a la democracia recuperada. El uno de marzo de 1985, Julio Sanguinetti formaba un gobierno de unidad nacional y ponía en libertad a los últimos presos políticos. Entre ellos, al viejo dirigente de los Tupamaros, Raul Sendic, quien manifestó su intención de luchar en adelante por sus ideas por la vía política.

El papel del SERPAJ no ha terminado, sin embargo. Se ha metido en la difícil tarea de favorecer la "reconciliación" sin negar la necesidad de hacer justicia. La ley de amnistía precisa que no se extiende a los "funcionarios de policía o del ejército responsables de tratos inhumanos, crueles o degradantes o de la detención de personas que después han desaparecido". Como en Argentina, la voluntad del nuevo poder civil de no indisponer demasiado a los militares hace muy difícil la tarea de esclarecimiento de ciertas responsabilidades. Para Luis Pérez Aguirre, "sólo la reconciliación permitirá romper el círculo vicioso de la venganza. La reconciliación es la capacidad de comportarse humanamente perdonando el enemigo. Esto no significa que haya que negar la justicia u olvidarlo todo, sino que hay que ir más allá. Quien dice esto no es un cualquiera que da lecciones de moral: es un hombre que ha sufrido personalmente la tortura, y que ha creído varias veces que estaba a punto de ser ejecutado...

 Lo que preocupa ahora a Luis Pérez Aguirre, así como al SERPAJ, que ha vuelto a ser legalizado, es el futuro: ¿Cómo evitar la vuelta, no sólo en Uruguay sino en toda América Latina, de regímenes dictatoriales? Para ello es absolutamente necesario un trabajo de educación. El SERPAJ ya ha redactado y editado un amplio manual de educación en los Derechos Humanos, dirigido a los profesores y estudiantes de todo el continente: " Derechos Humanos: fundamentos para una educación liberadora".   

 

 

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